Mente Posible #MP

por @ValeraMariscal, management, psicología, gamificación, innovación

Ver, no basta para creer.

¿Qué dice la ciencia sobre cómo corregir información falsa en redes?

La célebre escena de la película Sopa de Ganso (Duck Soup, 1933) en la que Chico Marx dice a la Sra. Teasdale: «¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?» se recuerda como un ingeniosa salida humorística dentro una de las grandes comedias del cine. Sin embargo, detrás de este chiste se esconde una testaruda realidad que cada vez está siendo más contrastada por la ciencia: No creemos aunque lo veamos.

En la era digital, todos somos testigos de cómo la información falsa se extiende como pólvora por las redes sociales. Instintivamente, muchos intentamos corregirla compartiendo datos precisos, pero ¿alguna vez te has preguntado por qué algunas de estas correcciones funcionan y otras parecen caer en oídos sordos?

Un reciente estudio científico, publicado en Behaviour & Information Technology*, ha investigado este fenómeno, analizando las dinámicas cognitivas y sociales que intervienen cuando las personas intentan corregir información falsa en entornos digitales. Los resultados son reveladores y desafían nuestro «sentido común» sobre cómo combatir eficazmente la desinformación.

Más allá de los datos: el factor humano

La investigación demuestra que la corrección efectiva de información falsa no depende únicamente de la precisión o claridad de los datos presentados. En realidad, son múltiples factores psicológicos y sociales los que determinan si una corrección será aceptada o rechazada:

  • Primero, la credibilidad de la fuente es fundamental. Las personas tienden a aceptar correcciones que provienen de individuos o instituciones en las que confían, especialmente si pertenecen a su mismo grupo social o comparten valores similares. Esto explica por qué un mensaje idéntico puede tener recepciones completamente diferentes según quién lo comparta.
  • Segundo, la forma importa tanto como el contenido. Las correcciones presentadas de manera empática y no confrontacional tienen mayor probabilidad de ser aceptadas que aquellas que atacan directamente las creencias de la persona. El tono condescendiente o agresivo puede activar mecanismos defensivos que refuerzan, paradójicamente, la creencia en la información incorrecta.

Implicaciones prácticas

Estos hallazgos tienen consecuencias importantes para educadores, comunicadores y cualquier persona interesada en combatir la desinformación de manera efectiva. Sugieren que necesitamos estrategias más sofisticadas que tengan en cuenta, cómo y cuándo lo hacemos y siempre adaptándonos al contexto social y a las características de nuestra audiencia. Desde una perspectiva aplicada, actuar contra la desinformación implica tener en cuenta no solo qué se dice, sino cómo y quién lo dice.

Por otro lado, si resulta tan difícil que otros vean la realidad incluso cuando parece evidente, quizá también convenga preguntarnos ¿qué parte de esa realidad podríamos estar ocultándonos a nosotros mismos al aferrarnos a lo que queremos creer?


  • * Yin, H., Zhang, F., Shin, S., & Choe, E. K. (2026). The cognitive and social dynamics of social correction of misinformation on social media. Behaviour & Information Technology. https://doi.org/10.1080/0144929X.2026.2651115

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