La forma en que visualizamos nuestro tiempo de pantalla afecta significativamente nuestra motivación para reducir el uso del smartphone. Los investigadores* descubrieron que cuando las personas ven sus estadísticas de uso presentadas por días versus por semanas, su percepción del problema y su disposición a cambiar varían considerablemente.
La Psicología Detrás del Tiempo de Pantalla
Es muy habitual que de vez en cuando revisamos las estadísticas de uso de nuestro smartphone y nos sorprendemos por los tiempos. Cerca de 4 horas de media en el mundo según el informe State of Mobile 2026 de Sensor Tower**. Sin embargo, a la hora de plantearnos controlar este comportamiento la forma en que estas cifras se nos presentan podría ser tan importante como los propios números.
El Poder del Encuadre Temporal
En un estudio** reciente se ha descubierto que cuando vemos nuestro tiempo de pantalla organizado por días versus por semanas, nuestra reacción psicológica y motivación para cambiar varían significativamente. Este fenómeno, conocido como «encuadre temporal», juega un papel crucial a la hora de percibir y decidir sobre nuestros hábitos digitales.
La investigación sugiere que nuestro cerebro procesa la información temporal de manera diferente dependiendo del marco de referencia. Ver «3 horas diarias» puede generar una respuesta emocional distinta a «21 horas semanales», aunque matemáticamente sean equivalentes. Esta diferencia perceptual influye directamente en nuestra disposición a tomar acción.
Aplicaciones Prácticas
Los hallazgos tienen implicaciones importantes para el diseño de aplicaciones de bienestar digital y las funciones nativas de control parental. Al comprender cómo el encuadre temporal afecta la motivación, los desarrolladores pueden optimizar la presentación de datos para fomentar hábitos más saludables.
Conclusión
Esta investigación nos recuerda que, no solo importa qué información recibimos, sino cómo se nos presenta. Entender estos principios psicológicos puede ser clave para desarrollar una relación más consciente y saludable con nuestros dispositivos.
* Kwon, Mijin., Han, Youngjee., & Kim, Hakkyun. (2026). Screen time by the day or week? Effects of screen time framing on the decision to reduce smartphone overuse. Behaviour & Information Technology, 1–14. https://doi.org/10.1080/0144929X.2026.2675638
**Sensor Tower. (2026). State of Mobile 2026. https://sensortower.com/report/state-of-mobile-2026
La clave para la colaboración entre humanos y robots en el trabajo está tanto en eficiencia técnica, como en la capacidad de los robots para generar confianza.
Estos hallazgos sugieren que invertir en diseño empático de robots favorece la adopción tecnológica y reduce la resistencia al cambio en entornos laborales.
A medida que la automatización avanza, no basta con crear robots más inteligentes; necesitamos robots en los que los humanos confíen como compañeros.
Los robots que «entienden» las emociones generan 40% más confianza laboral
La revolución robótica en las empresas se enfrenta un desafío inesperado: no es suficiente que los robots sean eficientes, también deben ser cercanos y confiables desde la perspectiva humana. Un nuevo estudio científico* arroja luz sobre cómo lograr esta confianza.
La empatía artificial marca la diferencia
En las diversas investigaciones se ha descubierto que los robots capaces de demostrar «perspectiva humana» —es decir, mostrar que comprenden el punto de vista humano— generan niveles significativamente mayores de confianza entre los trabajadores. Esta capacidad empática artificial, combinada con características antropomórficas como expresiones faciales o movimientos naturales, transforma la percepción que tenemos de las máquinas.
El estudio utilizó simulaciones industriales para medir las reacciones de los participantes ante diferentes tipos de robots. Los resultados fueron contundentes: aquellos robots que exhibían comportamientos más «humanos» no solo generaban mayor confianza, sino que también facilitaban la colaboración efectiva.
Implicaciones para el futuro laboral
Estos resultados hacen que pensemos bien en la implementación robótica en entornos laborales. No se trata solo de programar máquinas más inteligentes, sino de diseñar compañeros artificiales que los humanos puedan aceptar emocionalmente.
Para los diseñadores de tecnología robótica es una llamada de atetnción más sobre la importancia de trabajar desde el inicio con equipos multidisciplinares que incluyan expertos en personas y sus emociones, como son los profesionales de la psicología.
Para las empresas, esto significa plantear bien sus estrategias de automatización. Invertir en robots empáticos ayudara a acelerar la adopción tecnológica, a reducir la resistencia al cambio y crear entornos de trabajo híbridos más eficaces.
La confianza, ese elemento tan humano, se convierte así en el puente hacia una convivencia exitosa con nuestros futuros colegas robóticos.
Ahora la pregunta es: ¿Tiene tu empresa en cuenta estos aspectos humanos en su estrategia de automatización?
*Wittmann, Maximilian., Xie, Runjie., Kirchner-Krath, Jeanine., & Morschheuser, Benedikt. (2026). Fostering trust in human-robot interaction via perspective-taking and anthropomorphism: an empirical study in an industrial simulation game. International Journal of Human-Computer Studies, 212, 103807. https://doi.org/10.1016/j.ijhcs.2026.103807
¿Alguna vez has sentido que tu asistente virtual realmente te «entiende»? Un estudio reciente ha analiado si las máquinas pueden desarrollar inteligencia emocional genuina y cómo esto afecta nuestro bienestar. Es decir, cómo la inteligencia artificial puede reconocer, procesar y responder a las emociones humanas, y qué impacto genera en nuestro bienestar.
La inteligencia emocional artificial¿Puede una máquina realmente cuidarte?
En un mundo cada vez más digitalizado, surge una pregunta fascinante: ¿pueden las máquinas desarrollar la capacidad de cuidar emocionalmente a los humanos? Un estudio pionero analiza cómo la inteligencia artificial puede impactar nuestro bienestar emocional.
La ciencia detrás del cuidado artificial
El objetivo de la investigación es entender si la IA puede simular inteligencia emocional de manera efectiva. Para ello, se estudiaron las interacciones entre humanos y sistemas artificiales, y se midieron factores como la satisfacción del usuario, la percepción de comprensión y el apoyo emocional recibido. Los resultados son sorprendentes: aunque las máquinas no experimentan emociones reales, pueden generar respuestas empáticas tan convincentes que producen beneficios tangibles en nuestro bienestar.
La clave radica en la capacidad de la IA para reconocer patrones emocionales, procesar el contexto de nuestras interacciones y responder de manera apropiada. Este «cuidado artificial» no se basa en sentimientos genuinos, sino en algoritmos sofisticados que imitan la empatía humana.
Implicaciones para el futuro
Esta investigación abre puertas a aplicaciones revolucionarias en salud mental, educación y atención al cliente. Chatbots terapéuticos que ofrecen apoyo las 24 horas, asistentes educativos que se adaptan al estado emocional del estudiante, o sistemas de atención médica que proporcionan consuelo durante tratamientos difíciles.
El futuro podría traernos un mundo donde el cuidado emocional no sea exclusivamente humano, sino una colaboración entre la sensibilidad humana y la disponibilidad incansable de la inteligencia artificial.
Y esto lleva a otra reflexión para las personas: en un entorno profesional de relaciones con clientes o usuarios ¿cómo podrán competir con estas soluciones digitales aquellas personas que aún no muestran adecuadamente su empatía? ¿Aumentará esto la motivación por el desarrollo de comportamientos empáticos en estas personas o se producirá una delegación o rendición cognitiva? Probablemente unos optarán por el desarrollo y otros…
Delello, Julie.A., Sung, Woonhee., De Giuseppe, Tonia., Mokhtari, Kouider., Hebert, Julie., & Bronson, Amy. (2026). Can a machine care? Exploring emotional intelligence and well-being in human artificial intelligence interactions. Behaviour & Information Technology, 1–19. https://doi.org/10.1080/0144929X.2026.2654494
¿Te has preguntado por qué a veces sales de las redes sociales sintiéndote bien y otras veces con un bajón emocional?
El secreto está en el cómo, no en el cuánto: la clave para usar redes sociales sin dañar tu bienestar
Millones de personas abren a cada momento sus aplicaciones de redes sociales y se dispersan en una navegación a al deriva. Algunas de esas personas obtienen trucos, nuevas ideas o inspiración, sin embargo otras salen con una sensación negativa o de vacío. ¿Qué marca la diferencia?
Los matices del comportamiento digital
Durante años, expertos y medios han señalado al tiempo en pantalla como causa principal de perjuicio a nuestra salud mental. Sin embargo, una nueva investigación* demuestra que la duración importa menos que la forma en que interactuamos con el contenido. Los científicos identificaron dos comportamientos fundamentales que determinan nuestro bienestar emocional en redes sociales.
El primero es el «scrolling pasivo»: ese deslizar automático por el feed, consumiendo contenido sin reflexionar profundamente. Este comportamiento, aunque común, tiene un impacto emocional relativamente neutro en nuestro estado de ánimo.
El segundo, más determinante, es la «comparación activa»: cuando conscientemente evaluamos nuestras vidas, logros o apariencia contra lo que vemos en pantalla. Este proceso mental genera emociones intensas que pueden fluctuar dramáticamente según percibamos que «ganamos» o «perdemos» en esa comparación social.
El poder de la conciencia digital
Los hallazgos sugieren una estrategia revolucionaria para el bienestar digital: en lugar de simplemente reducir el tiempo en redes sociales, necesitamos desarrollar mayor autoconciencia sobre cómo usamos nuestros patrones de comparación. Reconocer cuándo estamos evaluando nuestras vidas reales contra las versiones editadas que otros presentan online es el primer paso para una relación más saludable con la tecnología y, en última instancia, con nosotros mismos.
Ang, Chin-Siang. (2026). Passive scrolling, active comparing: how social media use behaviours shape happiness through social comparison. Behaviour & Information Technology, 1–14. https://doi.org/10.1080/0144929X.2026.2654493
Los procesos están al servicio de los objetivos, pero son esclavos de los recursos. Con esta afirmación pretendo resumir una de las tensiones más constantes en cualquier organización: querer crecer o innovar más, pero hacerlo con tiempo, talento y presupuesto limitados. Así, las organizaciones diseñan los procesos para hacer posible un objetivo, pero en la práctica, su alcance viene lastrado, o incluso encadenado, por los recursos disponibles. Sin embargo, en el nuevo escenario, la inteligencia artificial generativa (IAG) está cambiando esta ecuación.
Durante décadas, mejorar un proceso significaba casi siempre elegir entre dos opciones: añadir recursos o adaptarse a los límites. En la actualidad, la IAG permite rediseñar el proceso para que parte del trabajo cognitivo se acelere, se simplifique o incluso desaparezca. Eso no elimina la necesidad de personas pero cambia cambia qué hacen, cómo lo hacen y en qué aportan más valor. Cuando una organización puede redactar, sintetizar, clasificar, responder y analizar en minutos lo que antes requería horas, el debate deja de ser tecnológico y pasa a ser estratégico.
Eso obliga a repensar el trabajo, el liderazgo y la forma en que las empresas convierten recursos en resultados. Y pone en primer plano una idea incómoda pero real: si no se rediseñan los procesos, la IAG solo acelerará las viejas inercias. Sin embargo, con el enfoque adecuado, la IAG permite ampliar el límite de lo posible de forma exponencial, y ello, sin necesariamente tener que incorporar más personas o más presupuesto.
Qué aporta la IAG
La IAG no “automatiza la empresa” por sí sola. Lo que hace es ampliar la capacidad de trabajo cognitivo: genera borradores, resume documentos, clasifica información, propone opciones, redacta versiones iniciales y ayuda a responder con más rapidez y consistencia.
McKinsey estima que la IA generativa puede automatizar una parte muy relevante de las actividades de trabajo actuales y aportar valor significativo en funciones como atención al cliente, marketing y ventas, desarrollo de software o conocimiento interno. Eso significa que muchos procesos pueden pasar de ser lineales y lentos a ser más fluidos, escalables y personalizables.
Qué cambia para la dirección
Para los directivos, la implicación es profunda: ya no basta con gestionar procesos existentes; hay que rediseñarlos. La IA no debe añadirse al final como un parche, sino al principio como una palanca para repensar qué se hace, quién lo hace y con qué nivel de supervisión.
Ese cambio transforma el rol directivo. El líder deja de ser solo un garante de cumplimiento y pasa a ser un arquitecto de capacidad organizativa. Su trabajo consiste en decidir dónde la IA aporta valor, dónde el juicio humano sigue siendo imprescindible y qué riesgos no conviene delegar a un modelo.
Nuevas habilidades
La IAG no reduce la importancia de las personas; la desplaza hacia competencias más exigentes. El nuevo valor estará en saber formular buenas preguntas, validar respuestas, detectar errores, interpretar contexto y convertir información abundante en decisión útil.
Entre las habilidades que se necesitarían están:
Alfabetización en IA y comprensión práctica de sus límites.
Pensamiento crítico y capacidad de validación.
Diseño de prompts y contextualización.
Criterio estratégico para priorizar.
Liderazgo del cambio y comunicación clara con los equipos.
La dimensión psicológica
En este contexto, es donde la psicología de las organizaciones y las ciencias del comportamiento son especialmente útiles. Edgar Schein defendió que la cultura organiza cómo se interpreta el cambio, qué se considera legítimo y cómo se aprende dentro de una empresa. Amy Edmondson, por su parte, ha demostrado que los equipos rinden mejor cuando existe seguridad psicológica, es decir, cuando las personas pueden preguntar, equivocarse y aprender sin miedo a ser penalizadas.
En una transformación con IAG, esa dimensión es crítica. Muchas resistencias no nacen del rechazo a la innovación, sino del miedo a perder relevancia, autonomía o identidad profesional. Por eso la adaptación no puede limitarse a instalar herramientas: debe incluir acompañamiento, formación, narrativa y espacios de confianza.
La prioridad no debería ser “usar IA en todo”, sino identificar procesos concretos donde el impacto sea alto y el riesgo controlable. Conviene empezar por tareas repetitivas, intensivas en texto, con mucha revisión manual o con cuellos de botella claros.
Una hoja de ruta razonable puede ser esta:
Fase
Qué hacer
Objetivo
1. Diagnóstico
Mapear procesos y tareas repetitivas
Detectar dónde se pierde más tiempo
2. Pilotos
Probar casos de uso de bajo riesgo
Aprender rápido sin comprometer la operación
3. Rediseño
Replantear el flujo de trabajo
Integrar IA y juicio humano en un mismo proceso
4. Escalado
Formar, medir y gobernar
Extender lo que funciona con criterios claros
5. Cultura
Trabajar la seguridad psicológica
Facilitar adopción real y sostenida
La pregunta relevante ya no es si la IAG va a entrar en las organizaciones, sino cómo va a cambiar la forma de trabajar, decidir y liderar. Las empresas que más valor obtendrán no serán las que antes adopten más herramientas, sino las que mejor rediseñen sus procesos y acompañen a las personas en el cambio.
En ese sentido, la IAG no sustituye la mirada humana: la vuelve más necesaria. Y ahí la psicología organizacional no es un complemento blando, sino una pieza estratégica para que la tecnología se traduzca en productividad, aprendizaje y confianza.
Referencias
Edmondson, A. C. (2019). The fearless organization: Creating psychological safety in the workplace for learning, innovation, and growth. Wiley.
McKinsey & Company. (2023). The economic potential of generative AI: The next productivity frontier.
McKinsey & Company. (2024). The state of AI in early 2024.
Schein, E. H. (2010). Organizational culture and leadership (4th ed.). Jossey-Bass.
Smith, J., & Jones, M. (2024). IAG, recursos, procesos y demandas a la psicología [Documento interno no publicado].
¿Está la IA haciendo más justa o más sesgada la selección de talento en tu empresa?
¿Cómo está abordando tu organización este desafío?
Los departamentos de recursos humanos están viviendo una revolución silenciosa. Los sistemas de inteligencia artificial prometen hacer más eficientes los procesos de selección, analizando miles de currículums en minutos y identificando candidatos ideales. Sin embargo, esta tecnología trae consigo un riesgo inesperado: la perpetuación de sesgos discriminatorios a escala masiva.
El Problema Oculto en los Algoritmos
Los algoritmos de IA aprenden de datos históricos para tomar decisiones. Si históricamente una empresa ha contratado más hombres para puestos directivos, la IA interpretará que ser hombre es una característica deseable para esos roles. De esta manera, patrones de discriminación pasados se amplifican automáticamente, afectando a candidatos por su género, edad, origen étnico o incluso su código postal.
Soluciones Desde el Aprendizaje Organizacional
La investigación muestra que las empresas más exitosas abordan este desafío como un proceso de aprendizaje continuo. No basta con implementar la tecnología; es necesario crear sistemas de monitoreo constante, formar equipos multidisciplinarios y establecer métricas de equidad. Algunas organizaciones están realizando auditorías regulares de sus algoritmos, diversificando sus datos de entrenamiento y estableciendo comités de ética tecnológica.
Hacia un Futuro Más Equitativo
El camino hacia un reclutamiento justo con IA requiere transparencia, compromiso organizacional y reconocimiento de que la tecnología no es neutral. Las empresas que inviertan ahora en desarrollar sistemas éticos no solo cumplirán con su responsabilidad social, sino que accederán a un talento más diverso y, por tanto, más innovador.
Gia Hoang, Thinh., Truong Quang, Huy., Luc, Nguyen.Duy.Ha., Binh, An.Duong.Thi., & Akbari, Mohammadreza. (2026). Ethical challenges in AI recruitment: an organisational learning perspective on bias recognition and mitigation. Behaviour & Information Technology, 1–22. https://doi.org/10.1080/0144929X.2026.2651110
El liderazgo es la capacidad de transformar la visión en realidad (Warren Bennis)
El impacto del modelo de Liderazgo transformacional en la actualidad es importante. Viene asociado a la necesidad de las empresas de contar con líderes que sean capaces de gestionar la transformación de las organizaciones en pleno torbellino de innovación digital, y al mismo tiempo de retener y comprometer el talento humano.
El concepto de liderazgo transformacional, surge gracias a James MacGregor Burns (1978) que lo diferencia del liderazgo transaccional.
La diferencia estaría en que la influencia del líder transformacional lleva a que los individuos se impliquen en objetivos colectivos u organizacionales que transcienden sus propios intereses individuales, de modo que orienten su comportamiento a la consecución de metas colectivas (Bass, 1985).
Mientras que el liderazgo transaccional es capaz de mover a las personas en la medida en que hay un equilibrio entre el esfuerzo (trabajo, tiempo, dedicación…) y el beneficio o contraprestación que obtienen. Es decir es un liderazgo basado en el intercambio en la búsqueda de un beneficio mutuo.
La gran ventaja del liderazgo transformacional es su capacidad para mejorar el compromiso de los empleados, la motivación y la ejecución eficiente de tareas.
Más allá de las diferencias en comportamientos manifiestos de ambos tipos de liderazgo, me gustaría reflexionar sobre las creencias que estimulan la probabilidad de aparición de un tipo de liderazgo u otro.
Veamos algunas de ellas:
Creencias asociadas allíder transformacional:
Las personas buscan desarrollarse y están motivadas por ello.
Toda persona necesita reconocimiento y sentido.
Todos tienen potencial que estimular y desarrollar.
Compartir los objetivos ayuda a motivar. Recordando la frase de Séneca: Cuando no sabes hacia donde navegas, ningún viento es favorable.
La clave para el liderazgo es influencia, no autoridad. Siguiendo las palabras de Ken Blanchard.
«Con mis maestros he aprendido mucho; con mis colegas, más; con mis alumnos todavía más.» Proverbio hindú.
El esfuerzo se asume mejor cuando hay un sentido o propósito aceptado.
Todas las personas están en proceso de transformación y pueden seguir creciendo.
Ganar es superarse.
Creencias asociadas líder transaccional:
Todo tiene un precio, las personas también.
El ser humano tiende por naturaleza al reposo.
Toda relación es una venta (transacción).
«Por el interés te quiero Andrés».
El sentido el esfuerzo es la recompensa.
«Dame pan y llámame tonto.»
La formación sin recompensa no tiene sentido.
«Tanto tienes tanto vales, tanto eres.»
Las personas son como son y es difícil que cambien. Así son y así serán.
Se gana tanto como se aporta.
Se insiste en analizar los patrones de comportamiento para discriminar los estilos de liderazgo. Pero el camino empieza antes, cuando la conducta aparece, ya es tarde. El origen más profundo: ¿Quieres desarrollar tu liderazgo?
Analiza tus creencias y piensa ¿de qué estilo están más cerca?
«El problema real no es si las máquinas piensan, sino si lo hacen los hombres.» (B. F. Skinner)
Hay mucho ruido con el asunto de que los robots nos quitarán el trabajo.
De vez en cuando nos consolamos con comentarios del tipo: «Nunca atenderán como una persona.», «Siempre es mejor el trato personal»…
Y me preguntan: ¿Crees que será verdad?
Yo respondo: pues no lo sé.
Hay soluciones tecnológicas que han superado claramente a las analógicas. Recuerdo el tema de la fotografía: «siempre será mejor una foto de toda la vida» .. ahora las de toda la vida son digitales.
En cuanto a ser atendido por personas. Es probable que un robot tenga más dificultades para sustituir una excelente atención personalizada humana. Pero si vemos, por un lado lo que las empresas invierten en formar personas en habilidades de comunicación y atención al cliente, y por otro la motivación, actitud y preparación de algunos humanos, puedo prever que en muchos casos su atención será fácilmente superable por robots.
No es la primera vez que entro o llamo a un lugar para ser atendido y siento que tengo que pedir perdón por interrumpir el crucigrama o la meditación de la persona que se supone me va a atender. Esto ocurre incluso con propietarios del negocio. Al menos un robot, puede ser verdaderamente multitarea y podría compaginar el crucigrama con atenderme y decirme «hola» de forma amable.
Hace poco participé con un grupo en el desarrollo de asistentes de voz con personalidad para herramientas domésticas. Puedo asegurar que muchos de los bots que se presentaron eran más vivos y simpáticos que muchos responsables de atención «personalizada». Eso sí, un poco limitados, aún.
Los humanos para competir deberemos de ser conscientes de que debemos desarrollar y diferenciarnos por nuestras competencias más humanas. Para ello, no debemos dar nada por sentado y seguir aprendiendo. Al fin y al cabo el aprendizaje es una forma de programación, lo importante es que nuestro algoritmo sea mejor que el suyo y de momento para ello solamente tenemos unos pocos recursos: actitud, formación, entrenamiento y práctica.
Si no, pronto oiremos: «por favor, quiero que me pasen con un robot.»
Cuando se habla de creatividad a menudo se define como una capacidad para aportar ideas novedosas y originales. Sin embargo, la creatividad no es simplemente originalidad. Es algo más.
De hecho, muchas personas consideradas originales en el fondo no lo son tanto pues usan la misma estrategia de construcción de originalidad. Es algo así como un algoritmo que produce soluciones en paralelo o periférico a lo que es esperado de forma más evidente.
Por ejemplo, si lo más probable es la respuesta A, un «algoritmo mental» de originalidad sería por ejemplo (A+B), siendo A una característica física o de color, por ejemplo. También podría ser (- A), donde el signo indica hacer lo opuesto a lo esperado o (XA) en donde el valor X aumenta la magnitud global de A. En cualquiera de los casos, solamente se es original una vez, cuando se descubre la fórmula. Después la aplican siempre en el mismo modo, un caso parecido sería la pintura de Botero (valorado en cuanto a originalidad, no sobre el valor artístico), su originalidad se apoyó en la idea de la obesidad, el algoritmo podría ser del tipo (A+B) donde B = Obesidad y A sería cualquier figura que pinta. Después aplicó esta fórmula a sus creaciones, pero la originalidad solo se manifestó en su inicio, cuando creó la formula, después la siguió aplicando.
Picasso, por su parte se complicó más la vida y tras empezar una etapa la exprimía. Pero no se detenía ahí, seguía buscando nuevas formulas y así vivió varias etapas, varios cambios de estilos, técnicas, etc. Cambió varias veces de algoritmo. Realmente, el truco no estaba en su originalidad, sino en su capacidad de no conformarse con lo que ya había probado que funcionaba.
Más que originalidad, creatividad se podría asociar a la búsqueda, no de soluciones, sino de problemas. Un problema es algo percibido como algo incómodo, lo que para el resto de los mortales es algo habitual para el creativo se convierte en una inquietud ¿Será verdad? ¿Se podrá ver de otra forma? ¿Hay más alternativas? esta inquietud le lleva a moverse a buscar más opciones, investigar… y como consecuencia, a encontrar ideas originales.
Aunque no siempre, en ocasiones lo más nuevo es precisamente algo normal que, perdidos entre la moda de las novedades, resulta que es la alternativa menos elegida. Las personas habitualmente tienden a no complicarse la vida; sin embargo, para las personas creativas hacer lo de siempre y no complicarse la vida es difícil.
Por ello, como ya comentamos en un post anterior, y por mucho que se hable de la importancia de la creatividad, debemos asumir que convivir con creativos es complicado.
Las personas creativas tienen algo que les lleva a buscar y derribar barreras. Comparten ciertos hábitos cognitivos que les mantienen inquietos: ¿Que más hay? ¿Que pasaría si? ¿Como lo habría hecho…? ¿Que es lo que nadie pensaría…? Seguro que hay otra forma…
Para los que quieren entrenar su pensamiento creativo les animo en los talleres a buscar nuevos retos en la vida cotidiana, ¿Que pasaría si…? ¿Que habrá más allá…? ¿Y si …? Estas preguntas son inicios de caminos de pensamiento que para los convencionales pueden terminar en problemas, algo ante lo que tienden a resistirse o sentirse incómodos, pero que, por el contrario, anima a las personas creativas.
Quién dijo que el entrenamiento fuera cómodo… Al fin y al cabo ¿Qué fue antes el problema o la solución?
Recuerdo cuando los de mi generación éramos niños. Un balón de fútbol era para muchos un lujo. De hecho, en el colegio, era raro que de los 40 de media que había en las clases de los babyboomers hubiera más de 2 ó 3 que tuvieran un balón de fútbol decente, de los llamados reglamento, es decir de cuero y con las medidas adecuadas.
El que traía el balón, sólo por eso ya tenía un estatus superior. Esta circunstancia, sin embargo, era vivida de manera distinta por las diferentes personalidades de los propietarios. Estaban los que traían el balón y lo compartían abiertamente ya que sabían que la única forma de divertirse en serio era jugando con todos. El objetivo para ellos era usar el balón para jugar. A los amigos ya los tenía seguro. Había risas y todos se sentían parte del juego y algo propietarios del balón.
Por otro lado estaba el que aprovechando ese capital jerárquico que le confería ser el propietario, no solamente seleccionaba a los jugadores, sino que si el partido no iba como él quería se llevaba el balón: «El balón es mío y se juega como yo quiero».
Naturalmente si había dos balones, los de la clase preferían jugar con el primero. El otro se esforzaba en traen un balón mejor para recuperar su valor diferencial. El primero transmitía «jugáis conmigo» y el segundo, «jugáis para mi».
Muy parecida era la famosa escena del recordado anuncio del Scattergories, en el que el propietario amenazaba con llevarse el juego si no «aceptaban pulpo como animal de compañía».
Del mismo modo, tenemos directivos, que dirigen recordando a los trabajadores, cual es el objetivo, para qué estamos todos aquí y las reglas que respetamos todos. Directivos que además suelen verse como un ejemplo de valores.
En distinto estilo tenemos a los que parecen transmitir que: «el único sentido que tiene tu trabajo es que trabajas para mi y las reglas son las mías».
Cuando oigo hablar de compromiso en la empresa y comparo con los estilos de liderazgo que encuentro. Me parece fácil entender la evidencia de que el único compromiso de muchos trabajadores sea con su propia supervivencia y dignidad. A veces por este orden, en respuesta al ejemplo que ven.
Los directivos deben darse cuenta de que son diseñadores de juego solo por su posición en la empresa. Otra cosa es que consigan que los demás quieran jugar con ellos.
Ya podemos invertir en pócimas de «engagement» si no somos capaces de compartir el sentido y los valores del juego.