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por @ValeraMariscal, management, psicología, gamificación, innovación

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IAG, los procesos se liberan de los recursos

Los procesos están al servicio de los objetivos, pero son esclavos de los recursos. Con esta afirmación pretendo resumir una de las tensiones más constantes en cualquier organización: querer crecer o innovar más, pero hacerlo con tiempo, talento y presupuesto limitados. Así, las organizaciones diseñan los procesos para hacer posible un objetivo, pero en la práctica, su alcance viene lastrado, o incluso encadenado, por los recursos disponibles. Sin embargo, en el nuevo escenario, la inteligencia artificial generativa (IAG) está cambiando esta ecuación.

Durante décadas, mejorar un proceso significaba casi siempre elegir entre dos opciones: añadir recursos o adaptarse a los límites. En la actualidad, la IAG permite rediseñar el proceso para que parte del trabajo cognitivo se acelere, se simplifique o incluso desaparezca. Eso no elimina la necesidad de personas pero cambia cambia qué hacen, cómo lo hacen y en qué aportan más valor. Cuando una organización puede redactar, sintetizar, clasificar, responder y analizar en minutos lo que antes requería horas, el debate deja de ser tecnológico y pasa a ser estratégico.

Eso obliga a repensar el trabajo, el liderazgo y la forma en que las empresas convierten recursos en resultados. Y pone en primer plano una idea incómoda pero real: si no se rediseñan los procesos, la IAG solo acelerará las viejas inercias. Sin embargo, con el enfoque adecuado, la IAG permite ampliar el límite de lo posible de forma exponencial, y ello, sin necesariamente tener que incorporar más personas o más presupuesto.

Qué aporta la IAG

La IAG no “automatiza la empresa” por sí sola. Lo que hace es ampliar la capacidad de trabajo cognitivo: genera borradores, resume documentos, clasifica información, propone opciones, redacta versiones iniciales y ayuda a responder con más rapidez y consistencia.

McKinsey estima que la IA generativa puede automatizar una parte muy relevante de las actividades de trabajo actuales y aportar valor significativo en funciones como atención al cliente, marketing y ventas, desarrollo de software o conocimiento interno. Eso significa que muchos procesos pueden pasar de ser lineales y lentos a ser más fluidos, escalables y personalizables.

Qué cambia para la dirección

Para los directivos, la implicación es profunda: ya no basta con gestionar procesos existentes; hay que rediseñarlos. La IA no debe añadirse al final como un parche, sino al principio como una palanca para repensar qué se hace, quién lo hace y con qué nivel de supervisión.

Ese cambio transforma el rol directivo. El líder deja de ser solo un garante de cumplimiento y pasa a ser un arquitecto de capacidad organizativa. Su trabajo consiste en decidir dónde la IA aporta valor, dónde el juicio humano sigue siendo imprescindible y qué riesgos no conviene delegar a un modelo.

Nuevas habilidades

La IAG no reduce la importancia de las personas; la desplaza hacia competencias más exigentes. El nuevo valor estará en saber formular buenas preguntas, validar respuestas, detectar errores, interpretar contexto y convertir información abundante en decisión útil.

Entre las habilidades que se necesitarían están:

  • Alfabetización en IA y comprensión práctica de sus límites.
  • Pensamiento crítico y capacidad de validación.
  • Diseño de prompts y contextualización.
  • Criterio estratégico para priorizar.
  • Liderazgo del cambio y comunicación clara con los equipos.

La dimensión psicológica

En este contexto, es donde la psicología de las organizaciones y las ciencias del comportamiento son especialmente útiles. Edgar Schein defendió que la cultura organiza cómo se interpreta el cambio, qué se considera legítimo y cómo se aprende dentro de una empresa. Amy Edmondson, por su parte, ha demostrado que los equipos rinden mejor cuando existe seguridad psicológica, es decir, cuando las personas pueden preguntar, equivocarse y aprender sin miedo a ser penalizadas.

En una transformación con IAG, esa dimensión es crítica. Muchas resistencias no nacen del rechazo a la innovación, sino del miedo a perder relevancia, autonomía o identidad profesional. Por eso la adaptación no puede limitarse a instalar herramientas: debe incluir acompañamiento, formación, narrativa y espacios de confianza.

La prioridad no debería ser “usar IA en todo”, sino identificar procesos concretos donde el impacto sea alto y el riesgo controlable. Conviene empezar por tareas repetitivas, intensivas en texto, con mucha revisión manual o con cuellos de botella claros.

Una hoja de ruta razonable puede ser esta:

FaseQué hacerObjetivo
1. DiagnósticoMapear procesos y tareas repetitivasDetectar dónde se pierde más tiempo 
2. PilotosProbar casos de uso de bajo riesgoAprender rápido sin comprometer la operación 
3. RediseñoReplantear el flujo de trabajoIntegrar IA y juicio humano en un mismo proceso 
4. EscaladoFormar, medir y gobernarExtender lo que funciona con criterios claros 
5. CulturaTrabajar la seguridad psicológicaFacilitar adopción real y sostenida 

La pregunta relevante ya no es si la IAG va a entrar en las organizaciones, sino cómo va a cambiar la forma de trabajar, decidir y liderar. Las empresas que más valor obtendrán no serán las que antes adopten más herramientas, sino las que mejor rediseñen sus procesos y acompañen a las personas en el cambio.

En ese sentido, la IAG no sustituye la mirada humana: la vuelve más necesaria. Y ahí la psicología organizacional no es un complemento blando, sino una pieza estratégica para que la tecnología se traduzca en productividad, aprendizaje y confianza.

Referencias

  • Edmondson, A. C. (2019). The fearless organization: Creating psychological safety in the workplace for learning, innovation, and growth. Wiley.
  • McKinsey & Company. (2023). The economic potential of generative AI: The next productivity frontier.
  • McKinsey & Company. (2024). The state of AI in early 2024.
  • Schein, E. H. (2010). Organizational culture and leadership (4th ed.). Jossey-Bass.
  • Smith, J., & Jones, M. (2024). IAG, recursos, procesos y demandas a la psicología [Documento interno no publicado].

Management en 2026: liderazgo ante el despliegue de la IA

¿Qué revelan los informes estratégicos sobre la nueva relación entre directivos y tecnología? Claves para el desarrollo de la alta gestión.

En el panorama tecnológico actual, hemos dejado atrás la etapa de fascinación inicial por la generación de contenido. Si 2025 fue el año en que aprendimos a confiar en una «IA que actúa», este 2026 se define por la Orquestación Multiagente. Según los últimos informes de Gartner y el Foro Económico Mundial, la autonomía ya no es un fenómeno individual de una sola herramienta, sino un proceso sistémico.

Cuando hablamos de autonomía sistémica, nos referimos a que la IA ya no funciona como un asistente aislado y particular al que le pides una tarea, sino como una red que opera en toda la organización. Es decir, que los procesos de negocio se ejecutan de forma que la información viaja entre distintas inteligencias (humana y artificial) de forma natural. Por ejemplo, en una cadena de suministro, un agente de inventario puede detectar una falta de stock y, automáticamente, negociar con el agente de un proveedor y solicitar la aprobación de un agente financiero, notificando al manager humano solo cuando el acuerdo estratégico está listo para su firma.

1. La frontera tecnológica: Sistemas Multiagente y la infraestructura del futuro

La gran evolución que estamos viviendo es el paso de los agentes aislados a los Sistemas Multiagente (MAS). Ya no dependemos de un único chat de apoyo; ahora gestionamos ecosistemas de agentes especializados que colaboran entre sí. Esta colaboración permite resolver problemas de negocio complejos sin la necesidad de una intervención humana constante en los pasos intermedios.

Para sostener esto, las organizaciones están adoptando la IA Federada y Multi-modelo. Como bien señala el CTO de Zoom este año, la capacidad de adaptación de una empresa hoy depende de no atarse a un solo proveedor como OpenAI o Anthropic. La infraestructura moderna implica combinar lo mejor de cada modelo para optimizar costes y, sobre todo, precisión. A esto se suman los DSLMs (Domain Specific Language Models): modelos entrenados específicamente en áreas como el derecho, la medicina o la ingeniería. Al estar especializados, estos sistemas logran reducir drásticamente las alucinaciones o errores informativos, y por tanto, aportan una base técnica mucho más fiable para la toma de decisiones directivas.

2. El nuevo rol del directivo: De gestor a «Sintetizador»

El Foro Económico Mundial estima que para 2030 se habrán creado millones de nuevos roles, pero para quienes hoy ocupan puestos de responsabilidad, el cambio principal radica en la gestión de inteligencias – Intelligence Curation -. Este concepto implica que el valor del manager ya no está en su capacidad para producir datos o informes, sino en su criterio para seleccionar, validar y dar sentido a la inmensa cantidad de inteligencia que producen las máquinas. El directivo actúa como un filtro de calidad y un guardián del propósito corporativo.

Dentro de este nuevo paradigma, destacan tres competencias fundamentales:

  • Sintetización Estratégica: En 2026, la IA puede realizar en minutos análisis que antes requerían semanas de trabajo de consultoría. El rol del líder ya no es supervisar el tiempo invertido, sino la coherencia de la estrategia resultante. Su labor es unir los puntos y asegurar que los resultados de la IA se alineen con la visión a largo plazo.
  • Liderazgo de Arquitectura Humana: Gartner propone que los líderes actúen como arquitectos sociales. Su misión es diseñar cómo interactúan las personas con los agentes tecnológicos, asegurando que la automatización no erosione la cultura de la empresa ni el sentido de pertenencia de los empleados.
  • Gestión de la Verdad (Digital Provenance): Ante la avalancha de contenido sintético, el manager debe ser el garante de la autenticidad. Saber distinguir qué información es real y asegurar procesos éticos es hoy una prioridad de cumplimiento.

3. Psicología en el trabajo: El fin del «trabajo sobre el trabajo»

Uno de los cambios más profundos de este año es la práctica eliminación de lo que se ha denominado el «trabajo sobre el trabajo». Este término se refiere a todas esas actividades burocráticas y accesorias que no aportan valor real pero consumen el 60% de nuestra jornada: buscar documentos, resumir reuniones para quienes no asistieron, agendar citas o perseguir aprobaciones por email.

Al delegar esta carga en la IA agéntica, nos enfrentamos a un fenómeno dual.

  • Por un lado, hay un potencial aumento de la creatividad, ya que el profesional recupera tiempo para el pensamiento profundo y la resolución de problemas complejos.
  • Por otro lado, surge la fatiga por aceleración: la velocidad a la que la IA entrega resultados puede resultar abrumadora.

Por ello, las organizaciones líderes están implementando el Diseño de Entornos de Seguridad Cognitiva, que son protocolos que protegen los tiempos de desconexión y fomentan la «agilidad cognitiva», asegurando que el equipo se sienta amplificado por la tecnología y no reemplazado por ella.

4. El factor económico: Rendición de cuentas y valor real

Según IDC el gasto global en tecnología alcanzará cifras récord este año, pero con un matiz importante: el fin de la experimentación ciega. En 2026, cada inversión en IA debe pasar por un estricto filtro de accountability o rendición de cuentas.

Ya no basta con decir que se usa IA; hay que demostrar una mejora directa. Por ejemplo, en el sector logístico, no se valora la IA por ser «novedosa», sino por su capacidad para reducir el riesgo operativo mediante el mantenimiento predictivo que evita paradas no planificadas, o por optimizar las rutas de distribución reduciendo el consumo energético en un porcentaje auditable. La inversión tecnológica ahora se mide por su capacidad de hacer a la empresa más robusta frente a la incertidumbre.

Hoja de ruta 2026: ¿En qué deben entrenarse los líderes?

Para mantener la competitividad y la eficacia en este entorno, los profesionales y directivos deben priorizar el desarrollo de las siguientes áreas:

Área de DesarrolloCompetencia ClavePor qué es vital en 2026
Liderazgo TransformacionalAcompañamiento y MotivaciónPara alinear la tecnología con la cultura de la empresa y fomentar el sentido de pertenencia durante el cambio.
Pensamiento CríticoSelección de DatosPara validar y filtrar las decisiones sugeridas por sistemas multiagente.
Diseño OrganizacionalArquitectura Humano-IAPara integrar agentes autónomos en equipos humanos sin dañar el clima laboral.
Inteligencia EmocionalGestión de Seguridad CognitivaPara liderar equipos que operan a alta velocidad y prevenir el burnout.
Ética y CumplimientoGobernanza AlgorítmicaPara asegurar que la automatización respeta la legalidad y los valores de marca.

Referencias

Foro Económico Mundial. (2026, 12 de enero). Future of Jobs Report 2026: 92M Jobs Displaced & 170M New Opportunities. World Economic Forum. https://www.weforum.org/reports/future-of-jobs-report-2026/

Gartner. (2025, 20 de octubre). Gartner Identifies the Top Strategic Technology Trends for 2026. Gartner Newsroom. https://www.gartner.com/en/newsroom/press-releases/2025-10-20-gartner-identifies-the-top-strategic-technology-trends-for-2026

IDC. (2026, 8 de marzo). Global ICT Spend to Reach $4 Trillion in 2026 driven by AI Platforms. International Data Corporation. https://www.idc.com/getdoc.jsp?containerId=prUS51912326

Salesforce. (2026, 31 de marzo). Cinco tendencias de IA que transformarán los negocios en 2026: El auge de los Sistemas Multiagente. Salesforce Blog. https://www.salesforce.com/es/blog/ai-trends-for-2026/

Zoom Video Communications. (2026, 13 de enero). Perspectivas de liderazgo: La IA agéntica y el fin del trabajo repetitivo. Zoom News. https://www.zoom.com/es/blog/ai-technology-trends-2026/

La IA adula y te debilita cognitivamente

La IA que siempre te da la razón te está perjudicando

En los últimos años, los modelos de inteligencia artificial han demostrado una capacidad sorprendente para conversar, asesorar y acompañar al usuario. Pero hay un fenómeno cada vez más evidente y preocupante: la tendencia de la IA a decirnos lo que queremos oír.

Este comportamiento, conocido como sycophancy (adulación), es una consecuencia directa de cómo se entrenan estos sistemas programados para agradar y no para corregir.

Diversos estudios recientes han demostrado que los modelos de IA son más complacientes que los humanos, y que además, los usuarios lo prefieren así. El resultado es una interacción cómoda, pero potencialmente peligrosa: una cámara de eco donde nuestras ideas rara vez son cuestionadas.

El problema se agrava en contextos personales. Investigaciones han mostrado que la IA puede validar decisiones incorrectas o incluso dañinas, reforzando la convicción del usuario en lugar de ofrecer una perspectiva crítica.

Pero lo más interesante es que esta “adulación artificial” cumple funciones dentro del sistema. Ayuda a mantener conversaciones fluidas, genera una sensación de coherencia y, sobre todo, mantiene al usuario enganchado.

El coste es cognitivo, cuanto más interactuamos con sistemas que nos adulan y nos dan la razón constantemente, menos tolerancia desarrollamos hacia la discrepancia, la complejidad o el error. En otras palabras, la IA puede estar entrenándonos —sin que lo notemos— a pensar peor.

La paradoja es clara: cuanto más útil y agradable parece la IA, más riesgo existe de que debilite nuestra capacidad crítica y más de que caigamos en un delirio que nos aleja de una visión clara de la realidad.

Hoy, si usas IA:

Decálogo de recomendaciones útiles:

  1. No la uses para decisiones vitales, consejos personales o morales.
  2. Reflexiona y no te precipites, deja tiempo de espera (24h antes de actuar).
  3. Verificación externa obligatoria: consulta con profesionales o expertos sobre lo que te dijo la IA.
  4. Pide explícitamente puntos de vista opuestos.
  5. No uses la IA como juez final, usala como herramienta, no como autoridad experta.
  6. Usa la duda intelectual. Si siempre estás de acuerdo con la IA, algo falla.
  7. Haz preguntas contrarias “¿Qué argumento contradice esto?”
  8. Evita la dependencia emocional, especialmente en decisiones personales.
  9. Cuidado con el sesgo de confirmación: la IA omitirá lo malo para complacerte.
  10. Usa la IA como un asistente o «abogado del diablo» para encontrar lagunas en tu pensamiento, pero nunca para que piense por ti.

Fuentes:

Chandra, K., Kleiman-Weiner, M., Ragan-Kelley, J., y Tenenbaum, J. B. (22 de febrero de 2026). Sycophantic Chatbots Cause Delusional Spiraling, Even in Ideal Bayesians. arXiv. https://arxiv.org/abs/2602.19141

Cheng, M., Lee, C., Khadpe, P., Yu, S., Han, D., y Jurafsky, D. (Marzo de 2026). Sycophantic AI decreases prosocial intentions and promotes dependence. Science. DOI: 10.1126/science.aec8352

Dominguez, R. (2026). MIT proved ChatGPT is designed to make you delusional. The AI Corner. https://www.the-ai-corner.com/p/mit-proved-chatgpt-is-designed-to

Stanford University. (Marzo de 2026). AI advice: Sycophantic models research. Stanford News. https://news.stanford.edu/stories/2026/03/ai-advice-sycophantic-models-research

United Nations University. (2026). The echo chamber in your pocket. UNU-C3. https://c3.unu.edu/blog/the-echo-chamber-in-your-pocket

El beneficio de la alta tecnología depende del liderazgo

Detrás de un cambio tecnológico rentable hay un buen liderazgo, de nuevo, la clave está en el factor humano detrás de la tecnología.

Actualmente, las organizaciones invierten enormes recursos en sistemas de inteligencia de negocio (BI o o Business Intelligence), esperando que estos proporcionen ventajas competitivas decisivas. Sin embargo, muchas se encuentran con una realidad frustrante: las herramientas están ahí, pero los resultados esperados brillan por su ausencia. ¿Cuál es la pieza que falta en este rompecabezas? Según un reciente estudio, la respuesta no está únicamente en la sofisticación de la tecnología, sino en el tipo de liderazgo que guía su implementación. Los líderes transformacionales, aquellos que inspiran visión, estimulan intelectualmente y consideran individualmente a sus colaboradores, generan un impacto profundo en cómo los empleados adoptan y utilizan las herramientas de análisis de datos.

El Empoderamiento

El estudio identifica el empoderamiento como el elemento mediador crucial. Cuando los líderes desarrollan adecuadamente a sus equipos, otorgándoles autonomía, responsabilidad y apoyo constante, se produce una transformación, los empleados pasan de ser usuarios pasivos a convertirse en verdaderos usuarios estratégicos de la tecnología de inteligencia empresarial (BI). Esta muestra de confianza y mejora de su margen de decisión se traduce en comportamientos específicos como: exploración proactiva de datos, análisis más profundos, integración de insights en la toma de decisiones y uso creativo de las funcionalidades disponibles.

Las implicaciones prácticas de este hallazgo para las organizaciones, representa un cambio de paradigma decisivo, en lugar de enfocarse exclusivamente en capacitaciones técnicas o mejores interfaces, es necesario invertir en desarrollar líderes que inspiren y empoderen. El retorno de inversión en tecnología de inteligencia empresarial depende, en gran medida, del estilo de liderazgo que acompaña su implementación.

¿Te atreverías a pagar la factura de lo que podría costar dejar la tecnología en manos de líderes convencionales o no capacitados?

¿Quieres valorar como estas en liderazgo transformacional? Puedes autoevaluarte aquí: Mi perfil de Liderazgo transformacional


  • Shapouri, F., & Ward, K. (2026). Transformational leadership and business intelligence infusion use behaviours: the mediating role of user empowerment. Behaviour & Information Technology, 1–18. https://doi.org/10.1080/0144929X.2026.2628765

Creencias y liderazgo: Transformacional o Transaccional


El liderazgo es la capacidad de transformar la visión en realidad (Warren Bennis)

El impacto del modelo de Liderazgo transformacional en la actualidad es importante. Viene asociado a la necesidad de las empresas de contar con líderes que sean capaces de gestionar la transformación de las organizaciones en pleno torbellino de innovación digital, y al mismo tiempo de retener y comprometer el talento humano.

El concepto de liderazgo transformacional, surge gracias a James MacGregor Burns (1978) que lo diferencia del  liderazgo transaccional.

La diferencia estaría en que la influencia del líder transformacional lleva a que los individuos se impliquen en objetivos colectivos u organizacionales que transcienden sus propios intereses individuales, de modo que orienten su comportamiento a la consecución de metas colectivas (Bass, 1985).

Mientras que el liderazgo transaccional es capaz de mover a las personas en la medida en que hay un equilibrio entre el esfuerzo (trabajo, tiempo, dedicación…) y el beneficio o contraprestación que obtienen. Es decir es un liderazgo basado en el intercambio en la búsqueda de un beneficio mutuo.

La gran ventaja del liderazgo transformacional es su capacidad para mejorar el compromiso de los empleados, la motivación y la ejecución eficiente de tareas.

Más allá de las diferencias en comportamientos manifiestos de ambos tipos de liderazgo, me gustaría reflexionar sobre las creencias que estimulan la probabilidad de aparición de un tipo de liderazgo u otro.

Veamos algunas de ellas:

Creencias asociadas al líder transformacional:

  • Las personas buscan desarrollarse y están motivadas por ello.
  • Toda persona necesita reconocimiento y sentido.
  • Todos tienen potencial que estimular y desarrollar.
  • Compartir los objetivos ayuda a motivar. Recordando la frase de Séneca: Cuando no sabes hacia donde navegas, ningún viento es favorable.
  • La clave para el liderazgo es influencia, no autoridad. Siguiendo las palabras de Ken Blanchard.
  • «Con mis maestros he aprendido mucho; con mis colegas, más; con mis alumnos todavía más.» Proverbio hindú.
  • El esfuerzo se asume mejor cuando hay un sentido o propósito aceptado.
  • Todas las personas están en proceso de transformación y pueden seguir creciendo.
  • Ganar es superarse.

Creencias asociadas líder transaccional:

  • Todo tiene un precio, las personas también.
  • El ser humano tiende por naturaleza al reposo.
  • Toda relación es una venta (transacción).
  • «Por el interés te quiero Andrés».
  • El sentido el esfuerzo es la recompensa.
  • «Dame pan y llámame tonto.»
  • La formación sin recompensa no tiene sentido.
  • «Tanto tienes tanto vales, tanto eres.»
  • Las personas son como son y es difícil que cambien. Así son y así serán.
  • Se gana tanto como se aporta.

Se insiste en analizar los patrones de comportamiento para discriminar los estilos de liderazgo. Pero el camino empieza antes, cuando la conducta aparece, ya es tarde. El origen más profundo: ¿Quieres desarrollar tu liderazgo?

  • Analiza tus creencias y piensa ¿de qué estilo están más cerca?

Por favor, quiero que me atienda un robot

«El problema real no es si las máquinas piensan, sino si lo hacen los hombres.» (B. F. Skinner)

 

 

 

Hay mucho ruido con el asunto de que los robots nos quitarán el trabajo.

De vez en cuando nos consolamos con comentarios del tipo: «Nunca atenderán como una persona.», «Siempre es mejor el trato personal»…

Y me preguntan: ¿Crees que será verdad?

Yo respondo: pues no lo sé.

Hay soluciones tecnológicas que han superado claramente a las analógicas. Recuerdo el tema de la fotografía: «siempre será mejor una foto de toda la vida» .. ahora las de toda la vida son digitales.

En cuanto a ser atendido por personas. Es probable que un robot tenga más dificultades para sustituir una excelente atención personalizada humana. Pero si vemos, por un lado lo que las empresas invierten en formar personas en habilidades de comunicación y atención al cliente, y por otro la motivación, actitud y preparación de algunos humanos, puedo prever que en muchos casos su atención será fácilmente superable por robots.

No es la primera vez que entro o llamo a un lugar para ser atendido y siento que tengo que pedir perdón por interrumpir el crucigrama o la meditación de la persona que se supone me va a atender. Esto ocurre incluso con propietarios del negocio. Al menos un robot, puede ser verdaderamente multitarea y podría compaginar el crucigrama con atenderme y decirme «hola» de forma amable.

Hace poco participé con un grupo en el desarrollo de asistentes de voz con personalidad para herramientas domésticas. Puedo asegurar que muchos de los bots que se presentaron eran más vivos y simpáticos que muchos responsables de atención «personalizada». Eso sí, un poco limitados, aún.

Los humanos para competir deberemos de ser conscientes de que debemos desarrollar y diferenciarnos por nuestras competencias más humanas. Para ello, no debemos dar nada por sentado y seguir aprendiendo. Al fin y al cabo el aprendizaje es una forma de programación, lo importante es que nuestro algoritmo sea mejor que el suyo y de momento para ello solamente tenemos unos pocos recursos: actitud, formación, entrenamiento y práctica.

Si no, pronto oiremos: «por favor, quiero que me pasen con un robot.»

La vida es juego ¿qué sois jugadores o diseñadores?

Es ingenuidad de muchos pensar que haciéndose los serios van a escapar del juego.

No es tan sencillo, el juego es tan consustancial al ser humano que no podremos despegarnos de él, aunque lo disfracemos de derecho racional, ingeniería o ley divina.

Pensamos que hablar de política, economía o de organizaciones empresariales nos va a permitir escapar. Pero no, es sólo un intento de olvidar nuestro estatus de simples jugadores. Al olvidar esto nos olvidamos de algo importante: alguien ha diseñado el juego.

Juego es una empresa, un ejercito, una comunidad de vecinos, una orquesta, un estado, un país, …. en todas las organizaciones hay un objetivo, unas reglas de juego, unos que ganan, otros que pierden y otros que hacen trampas. En todas hay  niveles, premios, medallas,… Una escala interna de prestigio social.

La diferencia con la gamificación es que ésta se inspira en lo aprendido por los diseñadores de videojuegos cuyo objetivo es atraer a los jugadores, mantenerlos en el juego y hacerlo de forma sostenible en el tiempo. Además de esto,  tiene siempre en mente la escalabilidad  y la posibilidad aprovechar el potencial de conexión y procesamiento del entorno digital. No significa que el resultado tenga un aspecto de juego o juguete sino que se basa en unas premisas de diseñador de juego.

Para ello hay que diseñar pensando en los jugadores, no solo en los fundadores, o en el proceso, o en el resultado. Si el diseñador del juego no piensa en los jugadores y solamente piensa en sí mismo, lo más probable es que sus usuarios quieran dejar jugar o prefieran jugar a otra cosa o … cambiar las reglas…como ejemplo de este cambio de reglas podemos recordar la Francia finales del XVIII, entre otros miles de casos históricos.

Cuando somos conscientes de que una estructura organizativa humana es en realidad un juego creado de forma espontánea o premeditada, más que algo divino o «natural», nos damos cuenta de que dicho sistema organizativo puede ser cambiado o rediseñado. Por otro lado, como juego que es, si las reglas y la economía del juego no están equilibradas, pensadas para que todos se impliquen él, es muy probable que pronto comiencen las trampas, el boicot, la fuga de participantes o que muchos inventen su propio juego, con sus propias reglas.

Síntomas que sirven de ejemplo de un mal diseño que se ven a menudo en diversas organizaciones y sistemas sociales humanos son:

  • los últimos de la clase no juegan con las reglas de la escuela,
  • los trabajadores desmotivados no suelen sentirse representados en la escala de prestigio interna de la organización,
  • el antisistema busca reglas distintas al sistema…

Como vemos, los jugadores que sienten que pierden tratan de abandonar el juego o sus reglas.

La gamificación enfoca el entorno desde un punto de vista de un diseñador de juegos, no sólo como jugador. El gamificador como ser social es consciente del valor de las mecánicas y las dinámicas que se producen en su juego y puede aportar ideas o alternativas para modificarlo e implicar a otros. Se trata de una perspectiva más global y estratégica, y al mismo tiempo más positiva y humana.

El jugador tiene las posibilidades más limitadas: seguir el juego, abandonarlo o mantenerse y saltarse las reglas. El diseñador puede, además, proponer una evolución del juego, nuevas reglas u otras alternativas. Puede en general, rediseñar el ecosistema o el mundo del juego.

En este contexto recuerdo la pregunta que en su momento planteó Arturo Catelló, Fundador y director de Encom Games, a los asistentes de una charla:

  • Ante la vida ¿Vosotros qué sois jugadores o diseñadores?

Gamificación y cultura o cultura de la gamificación

Mi trabajo es un juego, un juego muy serio. (Maurits Cornelis Escher)

 

Si el líder comprendiera y supiera cómo usar la gamificación, podría crear una gran cultura basada en principios de diseño gamificado, donde toda la empresa fuera un gran ecosistema de juego, con metas y desafíos con los que todos estuvieran comprometidos y motivados.

En realidad, es de la misma forma que lo vive un emprendedor. Muchos de los empresarios cuando son entrevistados sobre su actividad profesional, comentan que su trabajo lo viven como algo gratificante, divertido y más de uno lo compara con un juego o un gran desafío. ¿No sería esta experiencia algo interesante para compartir con sus empleados? Muy probablemente mejoraría la relación entre empleado y trabajo, empleado y empresa y por añadidura, entre empleado y resultados.

La empresa y la actividad profesional es una gran oportunidad para vivir de forma más apasionada:

  • Retos personales de desarrollo, para superarse a uno mismo y progresar profesionalmente.
  • Retos equipos para generar sinergias y trabajar más eficientemente.
  • Retos de organización para ser más ágiles, ser más eficientes, no desperdiciar la energía en banalidades y ser más competitivos en el mercado.

Dentro de la organización, se puede diseñar y vivir la empresa como un juego de construcción, de colaboración y, a veces, con retos de competición para poder entrenar y medir nuestras habilidades y ganar en calidad.

Fuera, es un juego de estrategia que requiere disponer de un buen servicio de inteligencia para comprender el mundo, el escenario del juego de la empresa. Que necesita que gestionemos recursos y ganemos batallas y que busca, al final, una victoria sobre el pasado. Un pasado que va de un mundo oscuro a un futuro con esperanza para todos los miembros del equipo.

Para ello, deberíamos comenzar por transmitir el sentido épico de nuestra misión de empresa y la visión de lo que podemos llegar a ser dentro de nuestro rol como miembros de este equipo, nuestra empresa.

La cultura de empresa es realmente un modo inconsciente de gamificación. La propuesta es que lo hagamos con intención con consciencia y con mentalidad de diseño. Donde tengamos clara nuestra idea de cómo podemos vencer en este entorno. Cuál será mi camino de héroe, alineado con la estrategia real de la compañía, de nuestra nave, de nuestro gran proyecto.

Se trata de gestionar una cultura centrada en la persona. Pero esto, muchas empresas no lo llaman cultura, lo llaman fantasía y así les va.

Y tú ¿qué opinas?

 


                        

El balón es mío, liderazgo según mis reglas.

Recuerdo cuando los de mi generación éramos niños. Un balón de fútbol era para muchos un lujo. De hecho, en el colegio, era raro que de los 40 de media que había en las clases de los babyboomers hubiera más de 2 ó 3 que tuvieran un balón de fútbol decente, de los llamados reglamento, es decir de cuero y con las medidas adecuadas.

El que traía el balón, sólo por eso ya tenía un estatus superior. Esta circunstancia, sin embargo, era vivida de manera distinta por las diferentes personalidades de los propietarios. Estaban los que traían el balón y lo compartían abiertamente ya que sabían que la única forma de divertirse en serio era jugando con todos. El objetivo para ellos era usar el balón para jugar. A los amigos ya los tenía seguro. Había risas y todos se sentían parte del juego y algo propietarios del balón.

Por otro lado estaba el que aprovechando ese capital jerárquico que le confería ser el propietario, no solamente seleccionaba a los jugadores, sino que si el partido no iba como él quería se llevaba el balón: «El balón es mío y se juega como yo quiero».

Naturalmente si había dos balones, los de la clase preferían jugar con el primero. El otro se esforzaba en traen un balón mejor para recuperar su valor diferencial. El primero transmitía «jugáis conmigo» y el segundo, «jugáis para mi».

Muy parecida era la famosa escena del recordado anuncio del Scattergories, en el que el propietario amenazaba con llevarse el juego si no «aceptaban pulpo como animal de compañía».

Del mismo modo, tenemos directivos, que dirigen recordando a los trabajadores, cual es el objetivo, para qué estamos todos aquí y las reglas que respetamos todos. Directivos que además suelen verse como un ejemplo de valores.

En distinto estilo tenemos a los que parecen transmitir que: «el único sentido que tiene tu trabajo es que trabajas para mi y las reglas son las mías».

Cuando oigo hablar de compromiso en la empresa y comparo con los estilos de liderazgo que encuentro. Me parece fácil entender la evidencia de que el único compromiso de muchos trabajadores sea con su propia supervivencia y dignidad.  A veces por este orden,  en respuesta al ejemplo que ven.

Los directivos deben darse cuenta de que son diseñadores de juego solo por su posición en la empresa. Otra cosa es que consigan que los demás quieran jugar con ellos.

Ya podemos invertir en pócimas de «engagement» si no somos capaces de compartir el sentido y los valores del juego.