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por @ValeraMariscal, management, psicología, gamificación, innovación

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Autocontrol digital: Las referencias de tiempo que elijas influyen.

La forma en que visualizamos nuestro tiempo de pantalla afecta significativamente nuestra motivación para reducir el uso del smartphone. Los investigadores* descubrieron que cuando las personas ven sus estadísticas de uso presentadas por días versus por semanas, su percepción del problema y su disposición a cambiar varían considerablemente.

La Psicología Detrás del Tiempo de Pantalla

Es muy habitual que de vez en cuando revisamos las estadísticas de uso de nuestro smartphone y nos sorprendemos por los tiempos. Cerca de 4 horas de media en el mundo según el informe State of Mobile 2026 de Sensor Tower**. Sin embargo, a la hora de plantearnos controlar este comportamiento la forma en que estas cifras se nos presentan podría ser tan importante como los propios números.

El Poder del Encuadre Temporal

En un estudio** reciente se ha descubierto que cuando vemos nuestro tiempo de pantalla organizado por días versus por semanas, nuestra reacción psicológica y motivación para cambiar varían significativamente. Este fenómeno, conocido como «encuadre temporal», juega un papel crucial a la hora de percibir y decidir sobre nuestros hábitos digitales.

La investigación sugiere que nuestro cerebro procesa la información temporal de manera diferente dependiendo del marco de referencia. Ver «3 horas diarias» puede generar una respuesta emocional distinta a «21 horas semanales», aunque matemáticamente sean equivalentes. Esta diferencia perceptual influye directamente en nuestra disposición a tomar acción.

Aplicaciones Prácticas

Los hallazgos tienen implicaciones importantes para el diseño de aplicaciones de bienestar digital y las funciones nativas de control parental. Al comprender cómo el encuadre temporal afecta la motivación, los desarrolladores pueden optimizar la presentación de datos para fomentar hábitos más saludables.

Conclusión

Esta investigación nos recuerda que, no solo importa qué información recibimos, sino cómo se nos presenta. Entender estos principios psicológicos puede ser clave para desarrollar una relación más consciente y saludable con nuestros dispositivos.


* Kwon, Mijin., Han, Youngjee., & Kim, Hakkyun. (2026). Screen time by the day or week? Effects of screen time framing on the decision to reduce smartphone overuse. Behaviour & Information Technology, 1–14. https://doi.org/10.1080/0144929X.2026.2675638

**Sensor Tower. (2026). State of Mobile 2026. https://sensortower.com/report/state-of-mobile-2026

Religiosidad e Inteligencia Artificial

Vintage balance scale with computer chip on one side and glowing dove on the other
Vintage balance scale with computer chip on one side and glowing dove on the other

Un estudio reciente con más de 1,400 participantes de Chile y Estados Unidos indica que las personas con mayor religiosidad tienden a mostrar actitudes más precavidas hacia la IA y tendencia a percibirla como amenaza.

El Papa León XIV nos invita a la reflexión sobre la inteligencia artificial en el capítulo tercero de su reciente encíclica  «Magnifica humanitas». En ella propone el compromiso que equilibre la profundización en la investigación científica, con el ejercicio del discernimiento moral y espiritual. Recuerda que, aunque la IA puede ser una valiosa ayuda, al mismo tiempo requiere un enfoque «prudente y cauteloso». Así mismo, apela a que los desarrolladores y autores actúen con la debida responsabilidad y transparencia hacia la comunidad de usuarios.

Con una cercana coincidencia en el tiempo ha sido publicado un artículo sobre dos estudios realizados en Chile y Estados Unidos, que revelan que existe una conexión significativa entre las creencias religiosas de las personas y sus actitudes hacia la IA.

En dicha investigación se analizaron las opiniones de más de 1,400 personas en Chile y Estados Unidos, y que mostraron un patrón consistente: aquellas personas que presentan mayor religiosidad muestran niveles más altos de ansiedad y percepciones negativas hacia las tecnologías de inteligencia artificial.

Los investigadores profundizaron en los mecanismos psicológicos subyacentes y encontraron tres factores clave que explican esta relación:

  1. la aversión a «jugar a ser Dios»,
  2. las creencias sobre la creación a imagen divina,
  3. y las actitudes morales conservadoras hacia la interferencia con la naturaleza.

Más allá de la tecnología: una cuestión de valores

Lo que hace este estudio particularmente relevante es que demuestra cómo nuestras actitudes hacia las nuevas tecnologías no se basan únicamente en consideraciones técnicas o prácticas. Nuestros marcos de valores más profundos, incluyendo nuestras creencias espirituales y concepciones sobre el orden natural, influyen significativamente en cómo percibimos y adoptamos innovaciones como la IA.

Implicaciones para el futuro

Estos hallazgos tienen consecuencias importantes para desarrolladores, empresas y políticos que buscan implementar tecnologías de IA de manera exitosa. Comprender y respetar estas perspectivas diversas será fundamental para construir un futuro tecnológico verdaderamente inclusivo, donde las preocupaciones legítimas basadas en valores religiosos sean consideradas en el diseño y despliegue de sistemas inteligentes.

Como termina diciendo el Papa León XIV en el capítulo de su enciclica: «El tiempo de la IA no escapa a esta regla: la construcción de Babel o la de Jerusalén comienza en cada uno de nosotros.»


Rodriguez, Cristian.G., Vishkin, Allon., & Bigman, Yochanan.E. (2026). God or the machine? Personal religiosity and negative attitudes to AI.. Technology, Mind, and Behavior, 7(1), 17–31. https://doi.org/10.1037/tmb0000187

León XIV, Papa. (2026, 15 de mayo). Magnifica humanitas [Carta encíclica]. El Vaticano. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html#La_inteligencia_artificial

Los robots más empáticos son mejores para trabajar con humanos.

La clave para la colaboración entre humanos y robots en el trabajo está tanto en eficiencia técnica, como en la capacidad de los robots para generar confianza.

Estos hallazgos sugieren que invertir en diseño empático de robots favorece la adopción tecnológica y reduce la resistencia al cambio en entornos laborales.

A medida que la automatización avanza, no basta con crear robots más inteligentes; necesitamos robots en los que los humanos confíen como compañeros.

Los robots que «entienden» las emociones generan 40% más confianza laboral

La revolución robótica en las empresas se enfrenta un desafío inesperado: no es suficiente que los robots sean eficientes, también deben ser cercanos y confiables desde la perspectiva humana. Un nuevo estudio científico* arroja luz sobre cómo lograr esta confianza.

La empatía artificial marca la diferencia

En las diversas investigaciones se ha descubierto que los robots capaces de demostrar «perspectiva humana» —es decir, mostrar que comprenden el punto de vista humano— generan niveles significativamente mayores de confianza entre los trabajadores. Esta capacidad empática artificial, combinada con características antropomórficas como expresiones faciales o movimientos naturales, transforma la percepción que tenemos de las máquinas.

El estudio utilizó simulaciones industriales para medir las reacciones de los participantes ante diferentes tipos de robots. Los resultados fueron contundentes: aquellos robots que exhibían comportamientos más «humanos» no solo generaban mayor confianza, sino que también facilitaban la colaboración efectiva.

Implicaciones para el futuro laboral

Estos resultados hacen que pensemos bien en la implementación robótica en entornos laborales. No se trata solo de programar máquinas más inteligentes, sino de diseñar compañeros artificiales que los humanos puedan aceptar emocionalmente.

Para los diseñadores de tecnología robótica es una llamada de atetnción más sobre la importancia de trabajar desde el inicio con equipos multidisciplinares que incluyan expertos en personas y sus emociones, como son los profesionales de la psicología.

Para las empresas, esto significa plantear bien sus estrategias de automatización. Invertir en robots empáticos ayudara a acelerar la adopción tecnológica, a reducir la resistencia al cambio y crear entornos de trabajo híbridos más eficaces.

La confianza, ese elemento tan humano, se convierte así en el puente hacia una convivencia exitosa con nuestros futuros colegas robóticos.

Ahora la pregunta es: ¿Tiene tu empresa en cuenta estos aspectos humanos en su estrategia de automatización?


  • *Wittmann, Maximilian., Xie, Runjie., Kirchner-Krath, Jeanine., & Morschheuser, Benedikt. (2026). Fostering trust in human-robot interaction via perspective-taking and anthropomorphism: an empirical study in an industrial simulation game. International Journal of Human-Computer Studies, 212, 103807. https://doi.org/10.1016/j.ijhcs.2026.103807

¿Sientes que una máquina te comprende?

¿Alguna vez has sentido que tu asistente virtual realmente te «entiende»? Un estudio reciente ha analiado si las máquinas pueden desarrollar inteligencia emocional genuina y cómo esto afecta nuestro bienestar. Es decir, cómo la inteligencia artificial puede reconocer, procesar y responder a las emociones humanas, y qué impacto genera en nuestro bienestar.

La inteligencia emocional artificial ¿Puede una máquina realmente cuidarte?

En un mundo cada vez más digitalizado, surge una pregunta fascinante: ¿pueden las máquinas desarrollar la capacidad de cuidar emocionalmente a los humanos? Un estudio pionero analiza cómo la inteligencia artificial puede impactar nuestro bienestar emocional.

La ciencia detrás del cuidado artificial

El objetivo de la investigación es entender si la IA puede simular inteligencia emocional de manera efectiva. Para ello, se estudiaron las interacciones entre humanos y sistemas artificiales, y se midieron factores como la satisfacción del usuario, la percepción de comprensión y el apoyo emocional recibido. Los resultados son sorprendentes: aunque las máquinas no experimentan emociones reales, pueden generar respuestas empáticas tan convincentes que producen beneficios tangibles en nuestro bienestar.

La clave radica en la capacidad de la IA para reconocer patrones emocionales, procesar el contexto de nuestras interacciones y responder de manera apropiada. Este «cuidado artificial» no se basa en sentimientos genuinos, sino en algoritmos sofisticados que imitan la empatía humana.

Implicaciones para el futuro

Esta investigación abre puertas a aplicaciones revolucionarias en salud mental, educación y atención al cliente. Chatbots terapéuticos que ofrecen apoyo las 24 horas, asistentes educativos que se adaptan al estado emocional del estudiante, o sistemas de atención médica que proporcionan consuelo durante tratamientos difíciles.

El futuro podría traernos un mundo donde el cuidado emocional no sea exclusivamente humano, sino una colaboración entre la sensibilidad humana y la disponibilidad incansable de la inteligencia artificial.

Y esto lleva a otra reflexión para las personas: en un entorno profesional de relaciones con clientes o usuarios ¿cómo podrán competir con estas soluciones digitales aquellas personas que aún no muestran adecuadamente su empatía? ¿Aumentará esto la motivación por el desarrollo de comportamientos empáticos en estas personas o se producirá una delegación o rendición cognitiva? Probablemente unos optarán por el desarrollo y otros…


Delello, Julie.A., Sung, Woonhee., De Giuseppe, Tonia., Mokhtari, Kouider., Hebert, Julie., & Bronson, Amy. (2026). Can a machine care? Exploring emotional intelligence and well-being in human artificial intelligence interactions. Behaviour & Information Technology, 1–19. https://doi.org/10.1080/0144929X.2026.2654494

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Felicidad y redes sociales, afecta más el cómo que el cuánto.

Estadísticas

¿Te has preguntado por qué a veces sales de las redes sociales sintiéndote bien y otras veces con un bajón emocional?

El secreto está en el cómo, no en el cuánto: la clave para usar redes sociales sin dañar tu bienestar

Millones de personas abren a cada momento sus aplicaciones de redes sociales y se dispersan en una navegación a al deriva. Algunas de esas personas obtienen trucos, nuevas ideas o inspiración, sin embargo otras salen con una sensación negativa o de vacío. ¿Qué marca la diferencia?

Los matices del comportamiento digital

Durante años, expertos y medios han señalado al tiempo en pantalla como causa principal de perjuicio a nuestra salud mental. Sin embargo, una nueva investigación* demuestra que la duración importa menos que la forma en que interactuamos con el contenido. Los científicos identificaron dos comportamientos fundamentales que determinan nuestro bienestar emocional en redes sociales.

El primero es el «scrolling pasivo»: ese deslizar automático por el feed, consumiendo contenido sin reflexionar profundamente. Este comportamiento, aunque común, tiene un impacto emocional relativamente neutro en nuestro estado de ánimo.

El segundo, más determinante, es la «comparación activa»: cuando conscientemente evaluamos nuestras vidas, logros o apariencia contra lo que vemos en pantalla. Este proceso mental genera emociones intensas que pueden fluctuar dramáticamente según percibamos que «ganamos» o «perdemos» en esa comparación social.

El poder de la conciencia digital

Los hallazgos sugieren una estrategia revolucionaria para el bienestar digital: en lugar de simplemente reducir el tiempo en redes sociales, necesitamos desarrollar mayor autoconciencia sobre cómo usamos nuestros patrones de comparación. Reconocer cuándo estamos evaluando nuestras vidas reales contra las versiones editadas que otros presentan online es el primer paso para una relación más saludable con la tecnología y, en última instancia, con nosotros mismos.


  • Ang, Chin-Siang. (2026). Passive scrolling, active comparing: how social media use behaviours shape happiness through social comparison. Behaviour & Information Technology, 1–14. https://doi.org/10.1080/0144929X.2026.2654493

IAG, los procesos se liberan de los recursos

Los procesos están al servicio de los objetivos, pero son esclavos de los recursos. Con esta afirmación pretendo resumir una de las tensiones más constantes en cualquier organización: querer crecer o innovar más, pero hacerlo con tiempo, talento y presupuesto limitados. Así, las organizaciones diseñan los procesos para hacer posible un objetivo, pero en la práctica, su alcance viene lastrado, o incluso encadenado, por los recursos disponibles. Sin embargo, en el nuevo escenario, la inteligencia artificial generativa (IAG) está cambiando esta ecuación.

Durante décadas, mejorar un proceso significaba casi siempre elegir entre dos opciones: añadir recursos o adaptarse a los límites. En la actualidad, la IAG permite rediseñar el proceso para que parte del trabajo cognitivo se acelere, se simplifique o incluso desaparezca. Eso no elimina la necesidad de personas pero cambia cambia qué hacen, cómo lo hacen y en qué aportan más valor. Cuando una organización puede redactar, sintetizar, clasificar, responder y analizar en minutos lo que antes requería horas, el debate deja de ser tecnológico y pasa a ser estratégico.

Eso obliga a repensar el trabajo, el liderazgo y la forma en que las empresas convierten recursos en resultados. Y pone en primer plano una idea incómoda pero real: si no se rediseñan los procesos, la IAG solo acelerará las viejas inercias. Sin embargo, con el enfoque adecuado, la IAG permite ampliar el límite de lo posible de forma exponencial, y ello, sin necesariamente tener que incorporar más personas o más presupuesto.

Qué aporta la IAG

La IAG no “automatiza la empresa” por sí sola. Lo que hace es ampliar la capacidad de trabajo cognitivo: genera borradores, resume documentos, clasifica información, propone opciones, redacta versiones iniciales y ayuda a responder con más rapidez y consistencia.

McKinsey estima que la IA generativa puede automatizar una parte muy relevante de las actividades de trabajo actuales y aportar valor significativo en funciones como atención al cliente, marketing y ventas, desarrollo de software o conocimiento interno. Eso significa que muchos procesos pueden pasar de ser lineales y lentos a ser más fluidos, escalables y personalizables.

Qué cambia para la dirección

Para los directivos, la implicación es profunda: ya no basta con gestionar procesos existentes; hay que rediseñarlos. La IA no debe añadirse al final como un parche, sino al principio como una palanca para repensar qué se hace, quién lo hace y con qué nivel de supervisión.

Ese cambio transforma el rol directivo. El líder deja de ser solo un garante de cumplimiento y pasa a ser un arquitecto de capacidad organizativa. Su trabajo consiste en decidir dónde la IA aporta valor, dónde el juicio humano sigue siendo imprescindible y qué riesgos no conviene delegar a un modelo.

Nuevas habilidades

La IAG no reduce la importancia de las personas; la desplaza hacia competencias más exigentes. El nuevo valor estará en saber formular buenas preguntas, validar respuestas, detectar errores, interpretar contexto y convertir información abundante en decisión útil.

Entre las habilidades que se necesitarían están:

  • Alfabetización en IA y comprensión práctica de sus límites.
  • Pensamiento crítico y capacidad de validación.
  • Diseño de prompts y contextualización.
  • Criterio estratégico para priorizar.
  • Liderazgo del cambio y comunicación clara con los equipos.

La dimensión psicológica

En este contexto, es donde la psicología de las organizaciones y las ciencias del comportamiento son especialmente útiles. Edgar Schein defendió que la cultura organiza cómo se interpreta el cambio, qué se considera legítimo y cómo se aprende dentro de una empresa. Amy Edmondson, por su parte, ha demostrado que los equipos rinden mejor cuando existe seguridad psicológica, es decir, cuando las personas pueden preguntar, equivocarse y aprender sin miedo a ser penalizadas.

En una transformación con IAG, esa dimensión es crítica. Muchas resistencias no nacen del rechazo a la innovación, sino del miedo a perder relevancia, autonomía o identidad profesional. Por eso la adaptación no puede limitarse a instalar herramientas: debe incluir acompañamiento, formación, narrativa y espacios de confianza.

La prioridad no debería ser “usar IA en todo”, sino identificar procesos concretos donde el impacto sea alto y el riesgo controlable. Conviene empezar por tareas repetitivas, intensivas en texto, con mucha revisión manual o con cuellos de botella claros.

Una hoja de ruta razonable puede ser esta:

FaseQué hacerObjetivo
1. DiagnósticoMapear procesos y tareas repetitivasDetectar dónde se pierde más tiempo 
2. PilotosProbar casos de uso de bajo riesgoAprender rápido sin comprometer la operación 
3. RediseñoReplantear el flujo de trabajoIntegrar IA y juicio humano en un mismo proceso 
4. EscaladoFormar, medir y gobernarExtender lo que funciona con criterios claros 
5. CulturaTrabajar la seguridad psicológicaFacilitar adopción real y sostenida 

La pregunta relevante ya no es si la IAG va a entrar en las organizaciones, sino cómo va a cambiar la forma de trabajar, decidir y liderar. Las empresas que más valor obtendrán no serán las que antes adopten más herramientas, sino las que mejor rediseñen sus procesos y acompañen a las personas en el cambio.

En ese sentido, la IAG no sustituye la mirada humana: la vuelve más necesaria. Y ahí la psicología organizacional no es un complemento blando, sino una pieza estratégica para que la tecnología se traduzca en productividad, aprendizaje y confianza.

Referencias

  • Edmondson, A. C. (2019). The fearless organization: Creating psychological safety in the workplace for learning, innovation, and growth. Wiley.
  • McKinsey & Company. (2023). The economic potential of generative AI: The next productivity frontier.
  • McKinsey & Company. (2024). The state of AI in early 2024.
  • Schein, E. H. (2010). Organizational culture and leadership (4th ed.). Jossey-Bass.
  • Smith, J., & Jones, M. (2024). IAG, recursos, procesos y demandas a la psicología [Documento interno no publicado].

La IA adula y te debilita cognitivamente

La IA que siempre te da la razón te está perjudicando

En los últimos años, los modelos de inteligencia artificial han demostrado una capacidad sorprendente para conversar, asesorar y acompañar al usuario. Pero hay un fenómeno cada vez más evidente y preocupante: la tendencia de la IA a decirnos lo que queremos oír.

Este comportamiento, conocido como sycophancy (adulación), es una consecuencia directa de cómo se entrenan estos sistemas programados para agradar y no para corregir.

Diversos estudios recientes han demostrado que los modelos de IA son más complacientes que los humanos, y que además, los usuarios lo prefieren así. El resultado es una interacción cómoda, pero potencialmente peligrosa: una cámara de eco donde nuestras ideas rara vez son cuestionadas.

El problema se agrava en contextos personales. Investigaciones han mostrado que la IA puede validar decisiones incorrectas o incluso dañinas, reforzando la convicción del usuario en lugar de ofrecer una perspectiva crítica.

Pero lo más interesante es que esta “adulación artificial” cumple funciones dentro del sistema. Ayuda a mantener conversaciones fluidas, genera una sensación de coherencia y, sobre todo, mantiene al usuario enganchado.

El coste es cognitivo, cuanto más interactuamos con sistemas que nos adulan y nos dan la razón constantemente, menos tolerancia desarrollamos hacia la discrepancia, la complejidad o el error. En otras palabras, la IA puede estar entrenándonos —sin que lo notemos— a pensar peor.

La paradoja es clara: cuanto más útil y agradable parece la IA, más riesgo existe de que debilite nuestra capacidad crítica y más de que caigamos en un delirio que nos aleja de una visión clara de la realidad.

Hoy, si usas IA:

Decálogo de recomendaciones útiles:

  1. No la uses para decisiones vitales, consejos personales o morales.
  2. Reflexiona y no te precipites, deja tiempo de espera (24h antes de actuar).
  3. Verificación externa obligatoria: consulta con profesionales o expertos sobre lo que te dijo la IA.
  4. Pide explícitamente puntos de vista opuestos.
  5. No uses la IA como juez final, usala como herramienta, no como autoridad experta.
  6. Usa la duda intelectual. Si siempre estás de acuerdo con la IA, algo falla.
  7. Haz preguntas contrarias “¿Qué argumento contradice esto?”
  8. Evita la dependencia emocional, especialmente en decisiones personales.
  9. Cuidado con el sesgo de confirmación: la IA omitirá lo malo para complacerte.
  10. Usa la IA como un asistente o «abogado del diablo» para encontrar lagunas en tu pensamiento, pero nunca para que piense por ti.

Fuentes:

Chandra, K., Kleiman-Weiner, M., Ragan-Kelley, J., y Tenenbaum, J. B. (22 de febrero de 2026). Sycophantic Chatbots Cause Delusional Spiraling, Even in Ideal Bayesians. arXiv. https://arxiv.org/abs/2602.19141

Cheng, M., Lee, C., Khadpe, P., Yu, S., Han, D., y Jurafsky, D. (Marzo de 2026). Sycophantic AI decreases prosocial intentions and promotes dependence. Science. DOI: 10.1126/science.aec8352

Dominguez, R. (2026). MIT proved ChatGPT is designed to make you delusional. The AI Corner. https://www.the-ai-corner.com/p/mit-proved-chatgpt-is-designed-to

Stanford University. (Marzo de 2026). AI advice: Sycophantic models research. Stanford News. https://news.stanford.edu/stories/2026/03/ai-advice-sycophantic-models-research

United Nations University. (2026). The echo chamber in your pocket. UNU-C3. https://c3.unu.edu/blog/the-echo-chamber-in-your-pocket

El beneficio de la alta tecnología depende del liderazgo

Detrás de un cambio tecnológico rentable hay un buen liderazgo, de nuevo, la clave está en el factor humano detrás de la tecnología.

Actualmente, las organizaciones invierten enormes recursos en sistemas de inteligencia de negocio (BI o o Business Intelligence), esperando que estos proporcionen ventajas competitivas decisivas. Sin embargo, muchas se encuentran con una realidad frustrante: las herramientas están ahí, pero los resultados esperados brillan por su ausencia. ¿Cuál es la pieza que falta en este rompecabezas? Según un reciente estudio, la respuesta no está únicamente en la sofisticación de la tecnología, sino en el tipo de liderazgo que guía su implementación. Los líderes transformacionales, aquellos que inspiran visión, estimulan intelectualmente y consideran individualmente a sus colaboradores, generan un impacto profundo en cómo los empleados adoptan y utilizan las herramientas de análisis de datos.

El Empoderamiento

El estudio identifica el empoderamiento como el elemento mediador crucial. Cuando los líderes desarrollan adecuadamente a sus equipos, otorgándoles autonomía, responsabilidad y apoyo constante, se produce una transformación, los empleados pasan de ser usuarios pasivos a convertirse en verdaderos usuarios estratégicos de la tecnología de inteligencia empresarial (BI). Esta muestra de confianza y mejora de su margen de decisión se traduce en comportamientos específicos como: exploración proactiva de datos, análisis más profundos, integración de insights en la toma de decisiones y uso creativo de las funcionalidades disponibles.

Las implicaciones prácticas de este hallazgo para las organizaciones, representa un cambio de paradigma decisivo, en lugar de enfocarse exclusivamente en capacitaciones técnicas o mejores interfaces, es necesario invertir en desarrollar líderes que inspiren y empoderen. El retorno de inversión en tecnología de inteligencia empresarial depende, en gran medida, del estilo de liderazgo que acompaña su implementación.

¿Te atreverías a pagar la factura de lo que podría costar dejar la tecnología en manos de líderes convencionales o no capacitados?

¿Quieres valorar como estas en liderazgo transformacional? Puedes autoevaluarte aquí: Mi perfil de Liderazgo transformacional


  • Shapouri, F., & Ward, K. (2026). Transformational leadership and business intelligence infusion use behaviours: the mediating role of user empowerment. Behaviour & Information Technology, 1–18. https://doi.org/10.1080/0144929X.2026.2628765

La IA y nuestro cerebro recrean la historia.

El Impacto de los Deepfakes en Nuestra Memoria Histórica

Ya podemos ver a Cleopatra dando un discurso en perfecto español o presenciar una conversación entre Gandhi y Martin Luther King Jr. La tecnología deepfake ha hecho posible resucitar digitalmente a figuras históricas, pero un reciente estudio* revela consecuencias inesperadas sobre cómo esto altera nuestra percepción de la realidad.

Los investigadores María T. Soto-Sanfiel y Gina Junhan Fu de la  National University of Singapore, han publicado un artículo que parece algo inquietante: cuando las personas ven videos deepfake de personajes históricos, sus recuerdos de los hechos reales pueden alterarse permanentemente. El cerebro humano, diseñado para procesar información visual como evidencia confiable, tiene dificultades para distinguir entre contenido auténtico y sintético.

Durante el experimento, los participantes que vieron deepfakes históricos mostraron una tendencia significativa a recordar como «verdaderos» eventos que nunca ocurrieron. Esta confusión mental sugiere que la tecnología podría reescribir involuntariamente nuestra comprensión del pasado.

Implicaciones para el Futuro

Esta investigación plantea preguntas cruciales sobre el futuro de la educación, el entretenimiento y la preservación histórica. Mientras que los deepfakes podrían revolucionar la forma en que aprendemos historia, también representan una amenaza potencial para la verdad histórica.

La conclusión es clara: necesitamos marcos éticos sólidos y herramientas de verificación antes de que esta tecnología transforme completamente nuestra relación con el pasado.

En el futuro cuando se estudie nuestra propia historia ¿Seremos vistos como reales o…?


*Soto-Sanfiel, M.T., & Fu, G.J. (2026). Deepfaking the past: Memory and perceived truth of resurrected historical figures. Computers in Human Behavior, 182, 109008. https://doi.org/10.1016/j.chb.2026.109008

Ver, no basta para creer.

¿Qué dice la ciencia sobre cómo corregir información falsa en redes?

La célebre escena de la película Sopa de Ganso (Duck Soup, 1933) en la que Chico Marx dice a la Sra. Teasdale: «¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?» se recuerda como un ingeniosa salida humorística dentro una de las grandes comedias del cine. Sin embargo, detrás de este chiste se esconde una testaruda realidad que cada vez está siendo más contrastada por la ciencia: No creemos aunque lo veamos.

En la era digital, todos somos testigos de cómo la información falsa se extiende como pólvora por las redes sociales. Instintivamente, muchos intentamos corregirla compartiendo datos precisos, pero ¿alguna vez te has preguntado por qué algunas de estas correcciones funcionan y otras parecen caer en oídos sordos?

Un reciente estudio científico, publicado en Behaviour & Information Technology*, ha investigado este fenómeno, analizando las dinámicas cognitivas y sociales que intervienen cuando las personas intentan corregir información falsa en entornos digitales. Los resultados son reveladores y desafían nuestro «sentido común» sobre cómo combatir eficazmente la desinformación.

Más allá de los datos: el factor humano

La investigación demuestra que la corrección efectiva de información falsa no depende únicamente de la precisión o claridad de los datos presentados. En realidad, son múltiples factores psicológicos y sociales los que determinan si una corrección será aceptada o rechazada:

  • Primero, la credibilidad de la fuente es fundamental. Las personas tienden a aceptar correcciones que provienen de individuos o instituciones en las que confían, especialmente si pertenecen a su mismo grupo social o comparten valores similares. Esto explica por qué un mensaje idéntico puede tener recepciones completamente diferentes según quién lo comparta.
  • Segundo, la forma importa tanto como el contenido. Las correcciones presentadas de manera empática y no confrontacional tienen mayor probabilidad de ser aceptadas que aquellas que atacan directamente las creencias de la persona. El tono condescendiente o agresivo puede activar mecanismos defensivos que refuerzan, paradójicamente, la creencia en la información incorrecta.

Implicaciones prácticas

Estos hallazgos tienen consecuencias importantes para educadores, comunicadores y cualquier persona interesada en combatir la desinformación de manera efectiva. Sugieren que necesitamos estrategias más sofisticadas que tengan en cuenta, cómo y cuándo lo hacemos y siempre adaptándonos al contexto social y a las características de nuestra audiencia. Desde una perspectiva aplicada, actuar contra la desinformación implica tener en cuenta no solo qué se dice, sino cómo y quién lo dice.

Por otro lado, si resulta tan difícil que otros vean la realidad incluso cuando parece evidente, quizá también convenga preguntarnos ¿qué parte de esa realidad podríamos estar ocultándonos a nosotros mismos al aferrarnos a lo que queremos creer?


  • * Yin, H., Zhang, F., Shin, S., & Choe, E. K. (2026). The cognitive and social dynamics of social correction of misinformation on social media. Behaviour & Information Technology. https://doi.org/10.1080/0144929X.2026.2651115